martes, 10 de septiembre de 2013
A puerta cerrada
¿De cuántas infamias se compone un éxito?
Honoré de Balzac.
A PUERTA CERRADA.
El problema del café para mi, es la sensación de angustia, una sensación que te hace voltear a cada rato hacía atrás, hacía tu sombra. Lo utilizo para leer textos filosóficos o de historia, para textos de ficción basta con aguantarme el hambre.
Aquel estadio de fútbol extrañamente contenía árboles en el centro del campo. Mi madre y yo caminábamos entre sus compañeros de clase, que cursaban la preparatoria. Mi madre era una de las más bellas de su generación. Su belleza consistía en una timidez enfermiza, con poca gente cruzaba palabra y, sin embargo, no pocos la miraban de reojo.
El concierto sería televisado y las grandes compañías refresqueras lo patrocinaban, todavía no estaban tan desprestigiadas ni se les relacionaba apocalípticamente.
Mi madre vestía una falda larga color violeta, algunos de sus compañeros vendían cosas hippies como pulseras o esencias místicas a la sombra de un árbol en medio del estadio. El árbol era la típica imagen de bienestar, la típica imagen de una familia, la típica imagen de hermandad. A los muchachos les entusiasmaba el concierto. Les parecía un evento extraordinario y, sin embargo, había una sensación rural.
La sicóloga de la escuela me ha prohibido el café. La sensación de estar encafeínados: tu cuerpo en off y tu mente en on. Mi vida es así. He descubierto algo: las espinacas tienen el mismo efecto que la Cocacola, pero te sale más caro, porque tardan en hacer efecto. Si las comes por un día entero al otro día se te va el sueño, te sientes con energía. En cambio la CocaCola hace efecto a la hora de ser ingerida y cuesta ocho pesos.
Tener el estómago vacío me da vergüenza, se te hace chiquita el alma y pedir ayuda es lo peor. La voz se quiebra al pronunciar palabra.
La risa con hambre es un lujo. Invertir en la sonrisa sale caro, se gastan muchas calorías, son 21 páginas menos de lectura. He llegado ha pensar que me gusta la ficción, porque es para lo que alcanza mi presupuesto. Leer Filosofía, Historia o Física requiere comer tres veces al día.
Por fin supe a quien buscábamos en aquel estadio: a un pretendiente de mi madre.
A mi madre la sus amigos la recibían de una manera muy cortés, en cada pregunta se les veía un esfuerzo en las palabras, para que éstas la retuvieran más tiempo con ellos. Ella contestaba y se le iba la mirada.
Sus amigas parecían cómplices, se secreteaban mientras sus cabellos se movían en cámara lenta. Mi mirada no diferenciaba el pasado del futuro.
Sólo pasé una materia de mi primer semestre en la universidad, a mi madre le mandé una carta diciéndole que me había ido muy bien y que probablemente me darían una beca. El ensayo que presenté en esa clase se tituló: Tenochtitlan y la palabra. El argumento era sencillo: la palabra como fuente evocadora, la palabra como ente vivo. El escrito terminó desbocándose en frases cursis sobre la caminata que el hombre ha hecho en el tiempo; reflexionaba sobre el nuevo mundo y el viejo, sobre la memoria y la velocidad de la era moderna, cité poemas de Nezahualcoyotl, cité conjuros mágicos sacados de los libros de historia de México. La profesora pidió que leyera el texto en clase.
El problema del hambre se soluciona fácil: trabajando. El problema es que a mi no me gusta trabajar (aunque lo hago tres días por semana). Detesto las dos de la tarde, los hombres de trajes baratos me entristecen. Me gusta dormir y tomar té de jazmín. A veces me regaño porque me cuesta trabajo despertar, basta decir que el médico tuvo que sacarme con fórceps del vientre de mi madre.
Parte del conflicto escolar fue encontrarme con Sartre, en específico con la obra de teatro: A puerta cerrad. Le dediqué más tiempo que a las lecturas escolares. Los personajes son cuatro: Inés, Estelle, Garcín, y un mozo. Están encerrados en una habitación y a su vez en el infierno. La obra transcurre en la espera de un verdugo que les dictara su castigo El verdugo nunca llega; uno es el verdugo del otro. ¿Por qué ninguno de los personajes se arrepiente de sus actos en el infierno y sin embargo sienten bondad por la culpa del otro? Hay un triangulo erótico: Garcín se enamora de Estelle y ésta de él. Inés, se enamora de Estelle. ¿Se encuentran atrapados en la mirada del otro? ¿Les causa encanto ser culpables?
Mi madre estaba enamorada del hombre, lo vi en sus ojos. Él era alto, delgado, bien parecido y, más que bien parecido, más que otra cosa, era un hombre educado. Recuerdo su suéter café con cuello en v, lo recuerdo porque tengo una colección de suéteres con cuello en v. El único color que aborrezco es el café.
Ellos hablaron unos minutos, se abrazaron y de los ojos de mi madre rodaron unas lágrimas, el momento duró nueve minutos. Mi madre y yo nos dimos la vuelta. Cobije su suspiro en el mío, no pude decirle nada.
.
Mi madre había sido violada cuatro semanas antes.
El concierto había empezado.
No me parezco al esposo de mi madre. Un hombre que se encontró dos años después de aquel concierto. Él no es educado, es pobre. Nunca ha leído a Sartre y ni siquiera sabe de su existencia. Y sin embargo, yo tomo tres tazas de café sólo para leerlo y no puedo dejar de hacerlo.
En serio, no puedo.
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A veces las palabras cobran tanta vida que evocan el silencio absoluto. Ni el estómago vacío, inclusive de cafeína, ni la angustia ayudan.
ResponderEliminarhey, zarco se siente re chido que alguien deje un comentario.
ResponderEliminarQue alguien se tome unos minutos de su tiempo pa leerte.
Chido carnal